miércoles, abril 22

tomar cuerpo

Hace mucho que no tomaba cuerpo la sensación de escribir.  De poder vomitar un par de líneas que interroguen mi sentir, que digan lo no dicho y que muestren lo que se esconde en la fachada.

Hace mucho que no tomaba cuerpo la angustia en mí. Ese dolor en el pecho que aparece al querer decir algo y no poder, al dolor de guata al despertar y darte cuenta que dormir, desconectar la conciencia; el habla, los pensamientos, los sentimientos, no arreglaron las cosas, que todo sigue igual sólo que en un tiempo distinto.

Hace mucho que mis pensamientos no se ponen de acuerdo con mis sentimientos, y claramente como premisa digna de la ilustración, los primeros se imponen, ganan terreno como cual combate dentro de mí. Pienso que no siento nada o que lo que siento es sólo miedo; miedo a ser alguien que no soy, miedo a sentir lo que no quiero sentir, miedo a querer a quien no quiero, miedo a demostrar algo que no siento.

Las ideas obsesivas se apoderan un poco de mis días, de mis afectos, de mi cuerpo. No puedo negar que son mías, no puedo negar que detrás de cada una de ellas hay un deseo reprimido intentando ser luz en la oscuridad de mi mente. Me asusta pensarlo y más aún pensar que es real.

Así mismo la angustia juega conmigo y me hace querer escapar del amor y,  con ello, escapar de mí. 
Pienso que quizás eso pueda ayudar pero aún no siento para qué. Quizás sirva para darme la razón y dejar de escuchar repetidas veces en el oído de mi conciencia “no te enamores”.

No siempre el miedo puede ser mi motor, a veces si es un freno, a veces si me paraliza.

Antes, cuando el instinto de escribir tomaba cuerpo la angustia se hacia un espacio y nos dábamos una tregua. Ahora, tomando cuerpo de aquel instinto sociabilizado, la angustia toma aún más cuerpo; ya no es sólo silencio.